PRIMERA PARTE: “HISTORIA TRISTE"
CAPÍTULO 3: DESAMOR.
Gloria me visita de vez en cuando.
En enaguas, temblando, me pide que la abrace. Que la abrace fuerte.
Está vieja; ya no luce. Hace tiempo que se le ha muerto la mirada.
Pero, al menos, me visita. Todavía lo hace. Sigue llamando a mi puerta de cuando en vez.
Yo, cuando lo hace, la agarro por el brazo y no la suelto. No pienso dejarla marchar nunca. Al menos, no hasta que encuentre de nuevo sus ojos.
“Los perdí en el metro”, me dice. “Entre el gentío”. “Los pisaron dos mil y una personas”.
Levanto entonces mi zapato, y ahí están. Los ojos de Gloria. Mi Gloria. Abandonados en mi suela. Ciegos.
Pero están. Al menos, están.
CAPÍTULO 2: OLVIDO.
Abrí la puerta y allí estaba: empapada. Radiante. Lloraba a lágrima viva; alegre, feliz.
Se quitó el abrigo y lo lanzó a mis brazos, asada. La dejé pasar y la arropé con mi albornoz. Estaba congelada de calor. Sudando de frío.
Se había reído tanto que ya ningún chiste era capaz de hacerla llorar.
La invité a una sopa helada. Se dio una ducha fría para entrar en calor. Me insultó. Dijo que me quería. Yo no lo tenía tan claro, pero no dudé en odiarla también.
Hicimos el amor toda la noche y, por la mañana, muertos de calor, salimos desnudos al balcón, a congelarnos.
CAPÍTULO 1: AMOR.
La conocí en una hoja de papel. Arrugada, cogía polvo en una papelera.
La rescaté y le di forma. La estiré y le pinté los labios. Como a una muñeca.
Viajamos al otro lado del mundo en zapatillas de andar por casa. Éramos de acero. Ni siquiera las pesadillas podían con nosotros. Frenábamos las tormentas con solo chasquear los dedos.
Buscábamos la Paz en los reportajes de la Guerra. Bebíamos aire debajo del mar. Buceábamos entre las nubes tratando de pescar algo. Pinchábamos globos con los pelos del alma.
Y jamás abrimos nuestros paraguas.
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SEGUNDA PARTE: “FINAL FELIZ”
ACTO PRIMERO: APLAUSOS.
Ahora que ya sabemos cómo acaba esta historia, sabemos que después de los aplausos se despiden con descaro de los que ocupan ningún sitio en sus corazones, pero que les aplauden.
Así funciona esto, amigos, alabamos a aquellos que actúan ante nosotros, que cumplen su papel y nosotros aun sabiendo que son actores, aplaudimos.
Ya no soporto este teatro que es la vida, ella, con sus personajes, sus actos sin sentido, su farsa y su guion.
Sueño con un ángel de pelo negro y mal aliento, que me mate, antes de que lo haga yo. Sueño que me mira mientras duermo, libre del dolor, del pasado, del mundo. Me despido de vosotros sin ganas de volver jamás, ahora que mis infiernos parecen innatos. Estoy mucho más tranquila y al despertar podré seguir soñando.
ACTO SEGUNDO: POR DETRÁS.
Nunca me fié de las sonrisas constantes.
Nunca me gustó la gente que me mira con malas caras, como si se tratara de alguien mejor que yo.
Nunca me dejé llevar por intereses y preferí corazón en mano a ciento que romperían el mío.
Nunca podréis pisarme, en todo caso, os arrastraréis como caracoles por el suelo en el que dejé mis huellas.
No lo intentéis más, nunca acabaréis conmigo, y si queréis hacerme daño que sea a la cara y no por detrás.
ACTO FINAL: VOLVER A EMPEZAR.
Suena el despertador y hoy no me puedo levantar, y menos con esa canción. Dan ganas de morir y matar.
Si la vida es un ciclo continuo, en el que después de todo fin se vuelve a empezar, ¿Dónde cojones estamos? Ya hemos acabado y empezado tantas veces que apenas distingo el principio del fin.
Empezamos la casa por el tejado, demasiado deprisa, como
siempre, y la casa de tus sueños acabó siendo nuestra pesadilla. Una nueva
realidad era lo que necesitábamos y todo esto era tan de mentira, que ni las
paredes se sostenían.
La sala está vacía, ya aplaudieron el final feliz y saludamos hipócritamente.