viernes, 30 de noviembre de 2012

SECOND ROUND: El cuchillo.


1.       EN VERTICAL

No suelo hacer caso al horizonte.

¿Porqué escribir rectas
las palabras torcidas?

Prefiero los vértices cortantes,
las frases que pinchan,
la mala caligrafía.


No suelo hacer caso a la lluvia.

¿Porqué mojarse afuera
cuando ya hay agua suficiente en el lacrimal?

Prefiero tragar saliva,
mear paredes,
llorar delante de la televisión.


No suelo hacer caso al fuego.

¿Porqué dejarse quemar
pudiendo prender cerillas en rostros ajenos?

Prefiero escupirles fuego,
plantarles quemaduras,
dejarles cicatriz.


No suelo hacerle caso a la gente.

Soy más de jugar al poker
con las amistades,
y llueva,
queme,
o haya nubes en el horizonte,
nunca
soy capaz
de ganar.



2.       EN HORIZONTAL

Un poco de amor, un poco de huida, un poco de violencia, un poco de tormento y un poco de muerte.

¿Por qué cuando quiero huir todas las puertas se cierran?

Cuando quiero reir no hago más que llorar.

¿Por qué estancarse cuando más hay que seguir hacia delante?

La vida es el camino largo por el que vamos dejando nuestras huellas, huellas que volveríamos a pisar, huellas húmedas, huellas vacías, huellas mortales.




3.        MENÚ DEL DÍA

La vida es un atasco,
el semáforo en rojo que da paso al rebaño,
las palabras que se estrellan
en la pared invisible del aliento.

La vida es un mercado:
o te compran o te vendes.

La resaca del mañana
y la cogorza del ayer.

Vivir en el futuro y morir en el pasado.

En la vida, el presente jamás está presente:
Solo el recuerdo y la aspiración
conforman el menú de cada día.

Un menú caro
en un restaurante de alto standing.

Y que, además,
no incluye postre.



4.     PUÑALADA TRAPERA
     
     Yo, que te di mi confianza, y tú que la tiraste a la basura.

Maldito miedo a estar sola; aquel que me hizo estar ciega, sorda y muda, 
aquel que cambió todo lo que fui y que me convirtió en una ingenua.

Maldita inseguridad de mierda que me hizo creer más en ti que en mí.

Maldita tu sonrisa, que consiguió volverme loca.

Y maldigo, te maldigo todos los días.

El daño que me hiciste, lo rápido que te fuiste y lo mucho que tardé en olvidarte.

Escalofríos por el cuello, ojos con lágrimas.

Dolor, dolor, dolor. Cómo duele la puta traición.



5.   CHIN CHIN


Perdonad.

Perdonadme un segundo.

Antes de que hinquéis el diente
al jugoso filete con patatas
que tenéis delante,
quiero proponer un brindis.

Quiero proponer un brindis por ELLOS.

Por todos aquellos que supieron darme de lado
en los momentos de mi vida
en los que más LES NECESITABA.

Por todos aquellos que supieron joderme,
escupirme,
y follarme el culo a destajo
en los momentos de mi vida
en los que ESTABA POR LOS SUELOS.

Por todos aquellos que supieron
dejarme las cosas bien claras,
a puñalada limpia,
a sangre fría,
por la espalda,
en los momentos de mi vida
en los que ME ESCOCÍA EL CORAZÓN.

Quiero proponer un brindis por ELLOS.

Por ese amor
que nunca recibieron
y que, por tanto,
jamás aprendieron

a dar.



6.      AL BAÑO MARÍA

Suspiros de agua caliente

Ventanas empañadas

Bocas mojadas

Vaho en tus ojos

Abrazos de despedida

Lluvia por mis ojos

Desapareces en la niebla.




Los vicios privados.

viernes, 23 de noviembre de 2012

PRIMER ENFRENTAMIENTO: La manzana.


 ACTO I: GÉNESIS.

Eva:
Abro los ojos, despierto. No sé donde estoy, pero, ¿qué importa eso ahora?
Hemos venido a hablar, a hablar del vicio. De los vicios privados.
Me presento: Mi nombre, mejor no saberlo, para que así no podáis encontrarme. Mi edad, la reduciré diciendo que ya pasé la mayoría de edad hace un tiempo. Mi sueño, viajar, conocer culturas, países, personas. Mis vicios, ya os iré contando.

Adán:
No necesitáis saber nada de mí. Escucharéis mi voz, escucharéis mis palabras. Y será suficiente. No permitiré halagos, insultos, flores o tomatazos en la cara. No permitiré ni el escupitajo ni la enhorabuena. Ni la mierda ni el beso. Atracaré a mano desarmada el sueño que todos tenéis de flotar, y lo reduciré a cenizas, que lentamente apoyen su sucio culo en el suelo.
Y no volveréis a soñar. Las hostias de la realidad os dejarán bien claro que aquí el pan duro no se tira, se guarda para mañana, y que las bocanadas de aire impuro saben a whisky, a tormenta, a vacío, a cucharada de jarabe. Y que huelen a vicio. A vicios escondidos entre los matorrales. A vicios sucios. A vicios carroñeros. A vicios privados.


ACTO II: ANTIGUO TESTAMENTO.

Eva:
Si todo lo que se va vuelve, aquí estoy, y esta vez he venido para quedarme.
Redúceme con una palabra.  Amor.
Quiero deshacerme del tópico.
El amor nos sonríe, nos clava el puñal, nos hace llorar, pero es maravilloso.
Déjate llevar, cierra los ojos. DISFRUTA.
Acaba de empezar una nueva etapa, un nuevo ciclo.
Tus ojos se meten en mi mirada, leen mis secretos, dicen lo que pienso.
Extraordinario como el momento de sumergirte en una piscina, como amanecer en otra ciudad que no es la tuya, como saltar al vacío desde un avión, como cuando suena el tocadiscos y se apagan las luces.
Así me sentí la primera vez que dormí a tu lado.
Se oyen carcajadas por el fondo, es tu infancia, ha venido a verte.

Adán:
Perdóname, padre, porque he pecado. He decidido rayar el cielo con las uñas, y crujir el suelo con zapatos de cristal roto.
Perdóname, padre, porque he pecado. He escupido sobre las limosnas de los ricos y les he bajado la luna a los chavales de pelo sucio.
Perdóname, padre, porque he pecado. He follado en parques, he fumado porros, y no voy a la iglesia desde los 9 años.
Perdóname, padre, porque he pecado. Me he limpiado el culo con las sotanas y he respetado siempre bien poco la labor de la policía.
Perdóname, padre, porque he pecado, y porque seguiré haciéndolo siempre.
Y ten en cuenta, padre, que además, yo también te perdono,
                                                                            aunque a todos ellos
                                                                                            aún les sigas
                                                                                         engañando.


ACTO III: NUEVO TESTAMENTO.


Adán:
La mujer que tengo a mi lado sabe
que el azúcar del mar
y la sal de las flores
son rutina,

que el viejo sueño
y el nuevo despertar
son usanza,

que la lluvia ardiente
y el paraguas quemado
son hábito,

que el calor sucio
y la resaca tabaquera
son práctica,

que el zapato roto
y la pisada vacía
son costumbre.


Lo que la mujer que tengo a mi lado no sabe
es que el tronco que pesa,
el del árbol caído,
no busca otra cosa
que renacer entre flores
y tangos mustios
de hormigas
trabajadoras.


Eva:
El hombre que tengo a mi lado
sabe lo que dice,
habla sin abrir la boca
es malditamente perfecto y odiosamente increíble.

Sabe que el humo que sale de su boca, es malo,
tan malo como muchas personas, y sin embargo,
si ellas siguen, el humo también persistirá.

Que un abrazo vale más que mil palabras,
que las palabras se las lleva el viento y
que el viento guarda más secretos que nadie.

Que los labios que besan despacio, besan de verdad.

Sabe que arrimarse al árbol adecuado, traerá la sombra constante,
que cuando un pájaro vuela alto, el golpe será mayor.

Cree en la música de verdad, la que con sus letras, abre corazones.

No necesita depender de nadie, y le importa una mierda lo que el resto diga o haga.

El hombre que tengo al lado no juzga, sólo observa y hace anotaciones en su cabeza.

El hombre que tengo al lado no sabe
que no hay rosas sin espinas,
que todos los adiós son hasta luego maquillados
 y que todos los caminos, acaban, cuando el vicio llega.


ACTO IV: APOCALIPSIS.

Mi Conciencia y yo.
Conciencia: Soledad, hojas caídas, mentes vacías.
Yo: ¿Qué coño me está pasando? ¿Qué cojones hago aquí?
Conciencia: Necesito huir, salir corriendo sin tropezarme tanto, que las paredes me dejen de dar de frente y que las personas empiecen a dar más la cara.
Yo: Un mundo sin amor, donde todos tenemos el careto de putos rancios. Se habla de amor sin saber ni siquiera qué es. El amor de verdad empieza en uno mismo.
Conciencia: No es más cierto sin puñal en la espalda, sin veneno en la piel, sin vinagre en la herida,  sin ratas por las calles. Amigo mío, mejor solo que con compañías austeras.
Yo: Suspiros de aire fresco, memorias que duelen recuerdos, fases o momentos.
Conciencia: Pasan los años, pasan los daños, pasan las personas.
Yo: Asimilar, pensar, quedarse con lo bueno. Y así, sin más, seguir hacia delante.



Los vicios privados.