ACTO I: GÉNESIS.
Eva:
Abro los ojos, despierto. No sé donde estoy, pero, ¿qué importa
eso ahora?
Hemos venido a hablar, a hablar del vicio. De los vicios
privados.
Me presento: Mi nombre, mejor no saberlo, para que así no podáis
encontrarme. Mi edad, la reduciré diciendo que ya pasé la mayoría de edad hace
un tiempo. Mi sueño, viajar, conocer
culturas, países, personas. Mis vicios, ya os iré contando.
Adán:
No necesitáis saber nada de mí. Escucharéis mi voz,
escucharéis mis palabras. Y será suficiente. No permitiré halagos, insultos,
flores o tomatazos en la cara. No permitiré ni el escupitajo ni la enhorabuena.
Ni la mierda ni el beso. Atracaré a mano desarmada el sueño que todos tenéis de
flotar, y lo reduciré a cenizas, que lentamente apoyen su sucio culo en el
suelo.
Y no volveréis a soñar. Las hostias de la realidad os
dejarán bien claro que aquí el pan duro no se tira, se guarda para mañana, y
que las bocanadas de aire impuro saben a whisky, a tormenta, a vacío, a
cucharada de jarabe. Y que huelen a vicio. A vicios escondidos entre los
matorrales. A vicios sucios. A vicios carroñeros. A vicios privados.
ACTO II: ANTIGUO TESTAMENTO.
Eva:
Si todo lo que se va vuelve, aquí estoy, y esta vez he
venido para quedarme.
Redúceme con una palabra. Amor.
Quiero deshacerme del tópico.
El amor nos sonríe, nos clava el puñal, nos hace llorar,
pero es maravilloso.
Déjate llevar, cierra los ojos. DISFRUTA.
Acaba de empezar una nueva etapa, un nuevo ciclo.
Tus ojos se meten en mi mirada, leen mis secretos, dicen lo
que pienso.
Extraordinario como el momento de sumergirte en una piscina,
como amanecer en otra ciudad que no es la tuya, como saltar al vacío desde un
avión, como cuando suena el tocadiscos y
se apagan las luces.
Así me sentí la primera vez que dormí a tu lado.
Se oyen carcajadas por el fondo, es tu infancia, ha venido a
verte.
Adán:
Perdóname, padre, porque he pecado. He decidido rayar el
cielo con las uñas, y crujir el suelo con zapatos de cristal roto.
Perdóname, padre, porque he pecado. He escupido sobre las
limosnas de los ricos y les he bajado la luna a los chavales de pelo sucio.
Perdóname, padre, porque he pecado. He follado en parques,
he fumado porros, y no voy a la iglesia desde los 9 años.
Perdóname, padre, porque he pecado. Me he limpiado el culo
con las sotanas y he respetado siempre bien poco la labor de la policía.
Perdóname, padre, porque he pecado, y porque seguiré
haciéndolo siempre.
Y ten en cuenta, padre, que además, yo también te perdono,
aunque a
todos ellos
aún les sigas
engañando.
ACTO III: NUEVO TESTAMENTO.
Adán:
La mujer que tengo a mi lado sabe
que el azúcar del mar
y la sal de las flores
son rutina,
que el viejo sueño
y el nuevo despertar
son usanza,
que la lluvia ardiente
y el paraguas quemado
son hábito,
que el calor sucio
y la resaca tabaquera
son práctica,
que el zapato roto
y la pisada vacía
son costumbre.
Lo que la mujer que tengo a mi lado no sabe
es que el tronco que pesa,
el del árbol caído,
no busca otra cosa
que renacer entre flores
y tangos mustios
de hormigas
trabajadoras.
Eva:
El hombre que tengo a mi lado
sabe lo que dice,
habla sin abrir la boca
es malditamente perfecto y odiosamente increíble.
Sabe que el humo que sale de su boca, es malo,
tan malo como muchas personas, y sin embargo,
si ellas siguen, el humo también persistirá.
Que un abrazo vale más que mil palabras,
que las palabras se las lleva el viento y
que el viento guarda más secretos que nadie.
Que los labios que besan despacio, besan de verdad.
Sabe que arrimarse al árbol adecuado, traerá la sombra
constante,
que cuando un pájaro vuela alto, el golpe será mayor.
Cree en la música de verdad, la que con sus letras, abre
corazones.
No necesita depender de nadie, y le importa una mierda lo
que el resto diga o haga.
El hombre que tengo al lado no juzga, sólo observa y hace
anotaciones en su cabeza.
El hombre que tengo al lado no sabe
que no hay rosas sin espinas,
que todos los adiós son hasta luego maquillados
y que todos los
caminos, acaban, cuando el vicio llega.
ACTO IV: APOCALIPSIS.
Mi Conciencia y yo.
Conciencia:
Soledad, hojas caídas, mentes vacías.
Yo: ¿Qué coño me
está pasando? ¿Qué cojones hago aquí?
Conciencia:
Necesito huir, salir corriendo sin tropezarme tanto, que las paredes me dejen
de dar de frente y que las personas empiecen a dar más la cara.
Yo: Un mundo sin
amor, donde todos tenemos el careto de putos rancios. Se habla de amor sin
saber ni siquiera qué es. El amor de verdad empieza en uno mismo.
Conciencia: No es
más cierto sin puñal en la espalda, sin veneno en la piel, sin vinagre en la
herida, sin ratas por las calles. Amigo
mío, mejor solo que con compañías austeras.
Yo: Suspiros de
aire fresco, memorias que duelen recuerdos, fases o momentos.
Conciencia: Pasan
los años, pasan los daños, pasan las personas.
Yo: Asimilar,
pensar, quedarse con lo bueno. Y así, sin más, seguir hacia delante.
Los vicios privados.
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