1. INÚTILES.
Sabemos mucho de todo
pero en realidad
NADA:
las tablas de multiplicar
jamás van a plancharnos la ropa,
y las de planchar
tampoco resolverán el problema
algebraico de nuestra vida.
Si no encontramos pronto el cauce
y nos dejamos de signos matemáticos
y camisas descuadradas,
las rayas de la carretera se
cansarán de esperar,
se nos averiará el coche
y se enfriará la sopa que nos espera
al final del camino.
Y todos sabemos que la sopas frías
no entienden ni de álgebra
ni de arrugas.
Así que apaga la calculadora.
Y acelera.
2. MUCHA MIERDA.
Mucha gente, pocas personas.
Tanta hambre, de poca justicia.
Necesidad de un cambio en una
sociedad PARADA.
Mentiras escondidas en la verdad.
Mentes cerradas, ojos abiertos,
pensamientos ocultos, humillación pública.
Mucha mierda, para tan pocas basuras.
Destapamos LOS VICIOS PRIVADOS.
3. NATURAL.
En tiempos
como estos,
donde el
azúcar que sobra
es lo que se
valora
pero nadie
sabe mirar
los
azucareros vacíos,
no nos queda
más remedio que esperar sentados
a que las
ranas críen pelo,
a que
lleguen las musas
a sorbernos
la polla
y sacudirnos
el cerebro,
a que venga
el del gas
a darnos de
alta
la
calefacción.
Mientras
tanto, habrá que conformarse
con el polvo
bajo el sofá,
la sesera
vacía
y los
calcetines olorosos.
Así son las
cosas,
y así se las
hemos contado.
Porque no sé
vosotros,
pero yo
tengo ya
vacío
el azucarero
4. LA SUERTE.
Hemos nacido para fallar y ser
fallados, pero no creí nunca que se referían a esto.
Mala suerte la mía de tener buen
corazón y maldad, ninguna.
Mala suerte la mía, de llamar amigo
a quien no se lo merecía.
Mala suerte la mía de creer en el
amor y, éste, ni existía.
Mala suerte la vuestra, por no daros
cuenta de las cosas con valor, de ser personas de mente cerrada.
Buena suerte la mía, por tener la
familia que tengo.
Buena suerte la mía, por la gente
que me rodea y que me quiere, mucho.
Buena suerte la mía, por tener
siempre algo por lo que sonreír.
Buena suerte la vuestra, por haberme
conocido, por haberme chupado la sangre, aprovechándoos de mí, hasta hacerme
derramar lágrimas. Por hacerme descubrir el odio que llevo dentro y que
aún no conocía.
GRACIAS Y SUERTE.
5. EUTANASIA.
No hay razón alguna
para decir que el tiempo corre
a nuestra contra.
Más bien somos nosotros
los que corremos
en contra suya:
lo malgastamos fregando platos
que volverán a ensuciarse,
haciendo camas
que no tardarán en deshacerse,
o limpiando muebles
que se llenarán otra vez de polvo.
No hay razón alguna
para decir que el tiempo corre
a nuestra contra.
Somos nosotros
únicamente
los que lo desperdiciamos,
rezando a santos
que no escucharán a nadie,
estrechando manos
que empuñarán puñales traidores,
o cargando armas
que dispararán
únicamente
contra nosotros mismos.
No hay razón alguna
para decir que el tiempo corre
a nuestra contra.
Somos nosotros los que corremos,
con los puños cerrados
y los ojos vendados,
a toda hostia,
embistiendo,
únicamente,
contra el espejo.
6. LA BASURA.
Menudo mundo contagiado; personas
interesadas, vendidas, sin piedad ninguna.
Jodidos putos actores, falsos de
mierda, que se desenvuelven en su papel, con el que yo me limpio el culo.
Bastardos. Hijos de la sociedad en
la que vivimos.
Las malas personas no deberían tener
a nadie, porque la soledad te hace pensar, te hace mejorar como persona. Pero
aquí, cuando eres diferente, te miran mal.
Los cuchicheos llenan mis oídos y
vacían mi corazón.
Así que habrá que seguir. Continuar
con esta farsa. Sonreír a pesar de la tristeza que nos rodea, y mirar a los
ojos a esos hijos de puta.
7. LA FÓRMULA.
Durante mucho tiempo pensé
que la solución a todos los problemas
consistía en pedir perdón
y sonreír sin parar.
Evitar tropezar con nadie,
y, si era necesario, dejarse
pisotear un poco
sin abrir la boca.
La cuestión era esa:
evitar jaleo
y no levantar polvo.
Con el paso del tiempo,
y con más de un quebradero de cabeza
a las espaldas,
me he dado cuenta de que,
a pesar de haber creído en ello,
no había dado con la fórmula
correcta:
levantar todo el polvo necesario
si las palabras articuladas
eran sinceras, respetuosas,
y, ante todo, coherentes con uno
mismo.
Desde entonces, abro puertas y
ventanas
para dejar pasar la luz,
pero también sé bajar las persianas
y pararle los pies al sol
cuando es necesario.
Y, a pesar de los constantes
quebraderos de cabeza
barra
problemas
barra
disgustos
barra
discusiones,
ahora soy
mucho más
feliz.
Los vicios
privados.