domingo, 1 de diciembre de 2013

Vídeo promocional de la Segunda Temporada.


Los vicios privados: María Martí & Pelayo Sánchez

Grabado por Almudena Sarría
Editado por Alejandro Famos

miércoles, 27 de noviembre de 2013

SEGUNDA TEMPORADA: Episodio 1.

PRIMERA PARTE: “HISTORIA TRISTE"

CAPÍTULO 3: DESAMOR.

Gloria me visita de vez en cuando.

En enaguas, temblando, me pide que la abrace. Que la abrace fuerte.

Está vieja; ya no luce. Hace tiempo que se le ha muerto la mirada.

Pero, al menos, me visita. Todavía lo hace. Sigue llamando a mi puerta de cuando en vez.

Yo, cuando lo hace, la agarro por el brazo y no la suelto. No pienso dejarla marchar nunca. Al menos, no hasta que encuentre de nuevo sus ojos.

“Los perdí en el metro”, me dice. “Entre el gentío”. “Los pisaron dos mil y una personas”.

Levanto entonces mi zapato, y ahí están. Los ojos de Gloria. Mi Gloria. Abandonados en mi suela. Ciegos.

Pero están. Al menos, están.



CAPÍTULO 2: OLVIDO.

Abrí la puerta y allí estaba: empapada. Radiante. Lloraba a lágrima viva; alegre, feliz.

Se quitó el abrigo y lo lanzó a mis brazos, asada. La dejé pasar y la arropé con mi albornoz. Estaba congelada de calor. Sudando de frío.

Se había reído tanto que ya ningún chiste era capaz de hacerla llorar.

La invité a una sopa helada. Se dio una ducha fría para entrar en calor. Me insultó. Dijo que me quería. Yo no lo tenía tan claro, pero no dudé en odiarla también.

Hicimos el amor toda la noche y, por la mañana, muertos de calor, salimos desnudos al balcón, a congelarnos.



CAPÍTULO 1: AMOR.

La conocí en una hoja de papel. Arrugada, cogía polvo en una papelera.

La rescaté y le di forma. La estiré y le pinté los labios. Como a una muñeca.

Viajamos al otro lado del mundo en zapatillas de andar por casa. Éramos de acero. Ni siquiera las pesadillas podían con nosotros. Frenábamos las tormentas con solo chasquear los dedos.

Buscábamos la Paz en los reportajes de la Guerra. Bebíamos aire debajo del mar. Buceábamos entre las nubes tratando de pescar algo. Pinchábamos globos con los pelos del alma.

Y jamás abrimos nuestros paraguas.

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SEGUNDA PARTE: “FINAL FELIZ”


ACTO PRIMERO: APLAUSOS.

Ahora que ya sabemos cómo acaba esta historia, sabemos que después de los aplausos se despiden con descaro de los que ocupan ningún sitio en sus corazones, pero que les aplauden.

Así funciona esto, amigos, alabamos a aquellos que actúan ante nosotros, que cumplen su papel y nosotros aun sabiendo que son actores, aplaudimos.

Ya no soporto este teatro que es la vida, ella, con sus personajes, sus actos sin sentido, su farsa y su guion.

Sueño con un ángel de pelo negro y mal aliento, que me mate, antes de que lo haga yo. Sueño que me mira mientras duermo, libre del dolor, del pasado, del mundo. Me despido de vosotros sin ganas de volver jamás, ahora que mis infiernos parecen innatos. Estoy mucho más tranquila y al despertar podré seguir soñando.


ACTO SEGUNDO: POR DETRÁS.

Nunca me fié de las sonrisas constantes.

Nunca me gustó la gente que me mira con malas caras, como si se tratara de alguien mejor que yo.

Nunca me dejé llevar por intereses y preferí corazón en mano a ciento que romperían el mío.

Nunca podréis pisarme, en todo caso, os arrastraréis como caracoles por el suelo en el que dejé mis huellas.

No lo intentéis más, nunca acabaréis conmigo, y si queréis hacerme daño que sea a la cara y no por detrás.



ACTO FINAL: VOLVER A EMPEZAR.

Suena el despertador y hoy no me puedo levantar, y menos con esa canción. Dan ganas de morir y matar.

Si la vida es un ciclo continuo, en el que después de todo fin se vuelve a empezar, ¿Dónde cojones estamos? Ya hemos acabado y empezado tantas veces que apenas distingo el principio del fin.

Empezamos la casa por el tejado, demasiado deprisa, como siempre, y la casa de tus sueños acabó siendo nuestra pesadilla. Una nueva realidad era lo que necesitábamos y todo esto era tan de mentira, que ni las paredes se sostenían. 

La sala está vacía, ya aplaudieron el final feliz y saludamos hipócritamente.

miércoles, 20 de marzo de 2013

QUINTO GANCHO: La cremallera.

EL ÚLTIMO CIGARRO
El cigarro de después.
El humo que vendías, el sudor que te costó.
Bebo para recordarte
Beso otras bocas para ver si saben como la tuya
Quiero querer como yo te quería.
Follar, para no sentir, sinténdiendolo todo.
Aprender idiomas en tus piernas
Vivir, gozando el vicio.



 EL PARQUE
Empezamos con un beso. Lo típico. Ella se acerca, yo me acerco, nos besamos. Hablamos un poco de todo. Queremos parecer pseudointelectuales, y nos dejamos la médula en recordar los títulos de las películas más raras que hemos visto. Intentamos impresionarnos. Mutuamente. Queremos ser interesantes. Y realmente lo somos. Y quien diga lo contrario no tiene ni puta idea.

Seguimos con otro beso. Esta vez más largo. Con más confianza. Más fluidez. La electricidad nos pega los labios y empezamos a ponernos cachondos. Como animales. Como el toro y la vaca. Como las gatas blancas que maúllan en los tejados, esperando a sus “gatos negros”, que ni son príncipes, ni son azules. Que se limitan a ser gatos.

Y yo me pongo perro. Y ella, cada vez, más gata. Se suelta y me agarra el paquete. Y yo le meto mano. Y mi culo calienta el banco, y sus rodillas se enrojecen con el roce. Y me saco la polla. Y se quita las bragas.

Y empieza a llover.


CLIMAX
El portazo calló todos mis pensamientos
y desaparecieron con la luz, las preguntas que me rondaban ¿Qué estoy haciendo?
Todo lo de la mesa, nos molestaba, las ropas que nos vestían nos sobraban y con los botones rotos, nos fundíamos como si en la Tierra sólo quedáramos unos pocos.
Tu barba le hacía cosquillas a mis muslos, tus manos se aprendían de memoria todos mis rincones más oscuros, mis ojos miraban al cielo de los tuyos, mis uñas rasgaban tu espalda y los besos hacían de nosotros, uno.
¿Y  que importaba quienes fuéramos, si ya éramos los mismos?
No importaba nada más, en ese momento mi vida se reducía a abrazar tu cuerpo sudoso, a acariciar mis huellas. Tener la mente limpia, en blanco, dentro de tanta oscuridad. La de esa habitación y la de tus ojos que despertaban mi desconfianza y que me hicieron deshacerme del calor interno que me invadía.
Había pasado de nuevo, ahora había caído, y del cielo, me di de hostias con la realidad.


EMPATÍA
Dos moscas follan sobre el cristal, y, por más que las miro, no veo ni una sola señal de que estén “disfrutando”. Parece que estén durmiendo una encima de la otra. Ni se inmutan. Simplemente están ahí, en el cristal, y yo las miro. Y es lo más antierótico que he visto en toda mi puta vida. Son menos atractivas que el Papa en enaguas. Es más, me producen incluso RECHAZO. Ni siquiera sé quién es la tía y quién el tío. Quién penetra y quién es penetrado.

Nos imagino a nosotros dos así. Follando. En la cama. Tirados uno encima de otro. En pleno acto. Quietos. Medio sobados. Como si follar fuese una obligación. Como si nos hubiesen puesto un revolver en la cabeza y me hubiesen obligado a metértela.

Me agacho. Me quito el zapato. Y, de un golpe seco, aplasto a las moscas.


LOS BUENOS DÍAS
Aquel rayo de luz, hacía brillar tu belleza, Tus labios sonreían hasta durmiendo y con tu rostro tranquilo, calmabas mi angustia mañanera de lo que podría ser un mal día.

Necesité besarte y así lo hice. BUENOS DÍAS dijiste, sin saber que tú eras el motivo de los míos.

Continuamos en un bucle de caricias, revelando mil historias acompañadas de risas, muchas risas.

Y como teníamos tantas cosas por hacer, nos lo hicimos todo. Y aunque quedaba tanto por decir, estábamos más guapos callados.


NADIE SE ACORDARÁ DE NADA, AL FINAL
El condón que jamás se usó y terminó por caducarse. Los sofás que mueren vírgenes. Las camas que jamás soportaron dos cuerpos locos. Las sábanas que nunca se ensuciaron. Los somieres que en la vida chirriaron. Los curas que predicaron contra el sexo, alabando sin embargo el milagro de la vida. Las madres que castigaron a sus hijos pajilleros. La cultura anti-sexual del buen gusto. La estigmatización educativa de las pollas y los coños. Los armarios sin amantes indispuestos. Las mesas a las que nadie, nunca, se sentó a follar. Los descampados que jamás se estrenaron. Las películas porno que no llegaron a rodarse.

Y lo que es más triste aún,
bastante más:

Aquellos lugares (y cuando hablo de lugares, hablo también de personas)
en los que nunca
habitó

el amor.

jueves, 28 de febrero de 2013

FOUR SHOT: La cuerda.

ACTO 1: El Tendedero

Vamos a tender los trapos sucios que todos tenemos, a lavar las manchas que nos dejó el pasado, a colgarnos bocabajo.

La ropa lloraba, el viento limpió las lágrimas y luego el sol brillaba más fuerte que nunca.

Como casi siempre, hay manchas que nunca salen, que tienes que lavarlas más veces.

Esas vueltas de la lavadora, metafóricas de las vueltas que da la vida.

Y ¿qué hacer ahora que me encuentro en esta cuerda?, que a veces parece romperse y es la más firme. Nunca dejé que el viento me llevara demasiado ni que el sol me cegara, pero tengo manchas, manchas difíciles de quitar y por supuesto que quiero borrarlas.


ACTO 2: La Soga

En las cuerdas
del tendedero
las pinzas
de color
arden
bajo el sol
abrasador.

Nadie piensa
jamás en ellas
y sus colores queman
como fuego
en la retina.

Las de madera,
sin embargo,
sufren
bajo la lluvia
cuando el cielo
las pudre
con su sangre
cristalina,

dejando manchas
grises
en el corazón
de las prendas
que sujetan;

las prendas que
han recogido
durante todo el día
mi sudor,
y que yo me quito
vagamente
cada noche.

Es por todo esto que,
antes de echarlas a lavar,
intento,
cautelosamente,
que no se me quede
frío
el pecho:

Mi cuerda
es redonda,
y, a la hora de la verdad,
no hay pinzas
capaces
de soportar
el peso
de un corazón
mojado.



ACTO 3: Marionetas

Un corazón mojado, malgastado y mal usado.

En la cuerda floja, a punto de romperse.

Tiritando, goteando la SANGRE, el DOLOR, las LÁGRIMAS y la TRAICIÓN.

Qué sería yo sin estas pinzas que me mantienen en pie, o sin estas cuerdas, las del tendedero, que me manejan cual marioneta.
Que mueven cada uno de mis impulsos estáticos, que me hacen saltar al vacío sin mirar y volver a estar cabeza abajo, a encontrarme en otro tendedero, más estable y menos deseable que el anterior, con nueva ropa por manchar.


ACTO 4: Bailarín

Camino
(a veces incluso bailo)
sobre la cuerda floja,
mientras le tiembla el pulso al nudo
que me tiene agarrada la vida.

Además,
no suelo bailar
piezas fáciles:

lo mío son los tangos de la muerte
y las rosas de espinas en la boca,
las cuales suelo arrojar al vacío
al terminar cada número.

Y lo peor es que,
además,
tengo la mala costumbre
y el egoísmo
de arrastrar conmigo
a mi compañera
de baile,

que,

todo sea dicho,

mueve los pies
como un ángel
y las caderas
como los remolinos
de viento.

Pero la cuerda es fina,
amigos,
está ya gastada,
enemigos,
y, llegado este momento,
familia,
nos hemos cansado ya
de bailar.

Así que guardad las navajas;
no hace falta que soltéis a los perros;
no es necesario que sigáis insultándonos desde abajo:

No vamos a tardar ya
demasiado
en caer.

Eso sí:
No os apartéis.

No solo los capitanes
se hunden con el barco.

Os aseguro que la tripulación,
al menos por esta vez,
tampoco tiene posibilidades
de salir
con vida.


ACTO 5: Con vistas

¿Y qué es vivir, realmente? 
Si no es tropezar en el baile, pisarse los cordones una y otra vez, tirarse las copas encima. 
Bailar con tu sombra, brillar con la luna, casarse con el sol.

Sobrevivir mareas, tragarse la sal, soportar el escozor. 
Tocar fondo, salir a coger aire. Tocar el cielo. 
Romper los cristales, los estereotipos, abrir ventanas, dejar pasar el aire.
Gritar al vacío  que el eco te devuelva el grito.
Más fuerte, repetido, para que se te quede grabado, con fuego, haciéndote sangrar los oídos.

Dejar que suene el río, sin que lleve agua. Aguantar críticas sin mancharse la conciencia. 
Limpiarse los ojos, secarse la boca, curarse las yagas. 
Vomitar mentiras, dejarse la piel, sudar esfuerzo.
Sacar la basura,tirar esos trapos. Atarnos la soga y quedarnos colgados. 
Como al principio, de ese tendedero, con vistas a la mierda, donde se seca nuestro rencor.


Los vicios privados.

viernes, 11 de enero de 2013

TERCER PUÑETAZO: El dilema.

1. INÚTILES.

Sabemos mucho de todo
pero en realidad
NADA:

las tablas de multiplicar
jamás van a plancharnos la ropa,

y las de planchar
tampoco resolverán el problema algebraico de nuestra vida.

Si no encontramos pronto el cauce
y nos dejamos de signos matemáticos
y camisas descuadradas,
las rayas de la carretera se cansarán de esperar,
se nos averiará el coche
y se enfriará la sopa que nos espera
al final del camino.

Y todos sabemos que la sopas frías
no entienden ni de álgebra
ni de arrugas.

Así que apaga la calculadora.

Y acelera.


2.  MUCHA MIERDA.

Mucha gente, pocas personas.
Tanta hambre, de poca justicia.
Necesidad de un cambio en una sociedad PARADA.
Mentiras escondidas en la verdad.
Mentes cerradas, ojos abiertos, pensamientos ocultos, humillación pública.
Mucha mierda, para tan pocas basuras.

Destapamos LOS VICIOS PRIVADOS.


3. NATURAL.

En tiempos como estos,
donde el azúcar que sobra
es lo que se valora
pero nadie sabe mirar
los azucareros vacíos,

no nos queda más remedio que esperar sentados
a que las ranas críen pelo,

a que lleguen las musas
a sorbernos la polla
y sacudirnos el cerebro,

a que venga el del gas
a darnos de alta
la calefacción.

Mientras tanto, habrá que conformarse
con el polvo bajo el sofá,
la sesera vacía
y los calcetines olorosos.

Así son las cosas,
y así se las hemos contado.

Porque no sé vosotros,
pero yo
tengo ya vacío

el azucarero


4. LA SUERTE.

Hemos nacido para fallar y ser fallados, pero no creí nunca que se referían a esto.

Mala suerte la mía de tener buen corazón y maldad, ninguna.
Mala suerte la mía, de llamar amigo a quien no se lo merecía.
Mala suerte la mía de creer en el amor y, éste, ni existía.
Mala suerte la vuestra, por no daros cuenta de las cosas con valor, de ser personas de mente cerrada.

Buena suerte la mía, por tener la familia que tengo.
Buena suerte la mía, por la gente que me rodea y que me quiere, mucho.
Buena suerte la mía, por tener siempre algo por lo que sonreír.
Buena suerte la vuestra, por haberme conocido, por haberme chupado la sangre, aprovechándoos de mí, hasta hacerme derramar lágrimas. Por hacerme descubrir el odio que llevo dentro y que aún no conocía. 

GRACIAS Y SUERTE.


5. EUTANASIA.

No hay razón alguna
para decir que el tiempo corre
a nuestra contra.

Más bien somos nosotros
los que corremos
en contra suya:

lo malgastamos fregando platos
que volverán a ensuciarse,

haciendo camas
que no tardarán en deshacerse,

o limpiando muebles
que se llenarán otra vez de polvo.


No hay razón alguna
para decir que el tiempo corre
a nuestra contra.

Somos nosotros
únicamente
los que lo desperdiciamos,

rezando a santos
que no escucharán a nadie,

estrechando manos
que empuñarán puñales traidores,

o cargando armas
que dispararán
únicamente
contra nosotros mismos.


No hay razón alguna
para decir que el tiempo corre
a nuestra contra.

Somos nosotros los que corremos,
con los puños cerrados
y los ojos vendados,
a toda hostia,
embistiendo,

únicamente,

contra el espejo.


6. LA BASURA.

Menudo mundo contagiado; personas interesadas, vendidas, sin piedad ninguna.

Jodidos putos actores, falsos de mierda, que se desenvuelven en su papel, con el que yo me limpio el culo.

Bastardos. Hijos de la sociedad en la que vivimos.

Las malas personas no deberían tener a nadie, porque la soledad te hace pensar, te hace mejorar como persona. Pero aquí, cuando eres diferente, te miran mal.

Los cuchicheos llenan mis oídos y vacían mi corazón.

Así que habrá que seguir. Continuar con esta farsa. Sonreír a pesar de la tristeza que nos rodea, y mirar a los ojos a esos hijos de puta.


7. LA FÓRMULA.

Durante mucho tiempo pensé
que la solución a todos los problemas
consistía en pedir perdón
y sonreír sin parar.

Evitar tropezar con nadie,
y, si era necesario, dejarse pisotear un poco
sin abrir la boca.

La cuestión era esa:
evitar jaleo
y no levantar polvo.


Con el paso del tiempo,
y con más de un quebradero de cabeza
a las espaldas,
me he dado cuenta de que,
a pesar de haber creído en ello,
no había dado con la fórmula correcta:

levantar todo el polvo necesario
si las palabras articuladas
eran sinceras, respetuosas,
y, ante todo, coherentes con uno mismo.


Desde entonces, abro puertas y ventanas
para dejar pasar la luz,
pero también sé bajar las persianas
y pararle los pies al sol
cuando es necesario.

Y, a pesar de los constantes
quebraderos de cabeza
barra
problemas
barra
disgustos
barra
discusiones,

ahora soy
mucho más

feliz.



Los vicios privados.

Postureo puro y duro.




Fotografías de Christian Vélez.
http://roletobohemio.blogspot.com.es/