El cigarro de después.
El humo que vendías, el sudor que te costó.
Bebo para recordarte
Beso otras bocas para ver si saben como la tuya
Quiero querer como yo te quería.
Follar, para no sentir, sinténdiendolo todo.
Aprender idiomas en tus piernas
Vivir, gozando el vicio.
EL PARQUE
EL PARQUE
Empezamos con un beso. Lo típico. Ella se acerca, yo me
acerco, nos besamos. Hablamos un poco de todo. Queremos parecer
pseudointelectuales, y nos dejamos la médula en recordar los títulos de las
películas más raras que hemos visto. Intentamos impresionarnos. Mutuamente.
Queremos ser interesantes. Y realmente lo somos. Y quien diga lo contrario no
tiene ni puta idea.
Seguimos con otro beso. Esta vez más largo. Con más
confianza. Más fluidez. La electricidad nos pega los labios y empezamos a
ponernos cachondos. Como animales. Como el toro y la vaca. Como las gatas
blancas que maúllan en los tejados, esperando a sus “gatos negros”, que ni son
príncipes, ni son azules. Que se limitan a ser gatos.
Y yo me pongo perro. Y ella, cada vez, más gata. Se suelta y
me agarra el paquete. Y yo le meto mano. Y mi culo calienta el banco, y sus
rodillas se enrojecen con el roce. Y me saco la polla. Y se quita las bragas.
Y empieza a llover.
CLIMAX
El portazo calló todos mis pensamientos
y desaparecieron con la luz, las preguntas que me rondaban
¿Qué estoy haciendo?
Todo lo de la mesa, nos molestaba, las ropas que nos vestían
nos sobraban y con los botones rotos, nos fundíamos como si en la Tierra sólo
quedáramos unos pocos.
Tu barba le hacía cosquillas a mis muslos, tus manos se
aprendían de memoria todos mis rincones más oscuros, mis ojos miraban al cielo
de los tuyos, mis uñas rasgaban tu espalda y los besos hacían de nosotros, uno.
¿Y que importaba
quienes fuéramos, si ya éramos los mismos?
No importaba nada más, en ese momento mi vida se reducía a
abrazar tu cuerpo sudoso, a acariciar mis huellas. Tener la mente limpia, en
blanco, dentro de tanta oscuridad. La de esa habitación y la de tus ojos que
despertaban mi desconfianza y que me hicieron deshacerme del calor interno que
me invadía.
Había pasado de nuevo, ahora había caído, y del cielo, me di
de hostias con la realidad.
EMPATÍA
Dos moscas follan sobre el cristal, y, por más que las miro,
no veo ni una sola señal de que estén “disfrutando”. Parece que estén durmiendo
una encima de la otra. Ni se inmutan. Simplemente están ahí, en el cristal, y
yo las miro. Y es lo más antierótico que he visto en toda mi puta vida. Son
menos atractivas que el Papa en enaguas. Es más, me producen incluso RECHAZO.
Ni siquiera sé quién es la tía y quién el tío. Quién penetra y quién es
penetrado.
Nos imagino a nosotros dos así. Follando. En la cama.
Tirados uno encima de otro. En pleno acto. Quietos. Medio sobados. Como si
follar fuese una obligación. Como si nos hubiesen puesto un revolver en la
cabeza y me hubiesen obligado a metértela.
Me agacho. Me quito el zapato. Y, de un golpe seco, aplasto
a las moscas.
LOS BUENOS DÍAS
Aquel rayo de luz, hacía brillar tu belleza, Tus labios sonreían
hasta durmiendo y con tu rostro tranquilo, calmabas mi
angustia mañanera de lo que podría ser un mal día.
Necesité besarte y así lo hice. BUENOS DÍAS dijiste, sin saber que tú eras el motivo de los míos.
Continuamos en un bucle de caricias, revelando mil historias acompañadas de risas, muchas risas.
Y como teníamos tantas cosas por hacer, nos lo hicimos todo. Y aunque quedaba tanto por decir, estábamos más guapos callados.
Necesité besarte y así lo hice. BUENOS DÍAS dijiste, sin saber que tú eras el motivo de los míos.
Continuamos en un bucle de caricias, revelando mil historias acompañadas de risas, muchas risas.
Y como teníamos tantas cosas por hacer, nos lo hicimos todo. Y aunque quedaba tanto por decir, estábamos más guapos callados.
NADIE SE ACORDARÁ DE NADA, AL FINAL
El condón que jamás se usó y terminó por caducarse. Los
sofás que mueren vírgenes. Las camas que jamás soportaron dos cuerpos locos.
Las sábanas que nunca se ensuciaron. Los somieres que en la vida chirriaron.
Los curas que predicaron contra el sexo, alabando sin embargo el milagro de la
vida. Las madres que castigaron a sus hijos pajilleros. La cultura anti-sexual
del buen gusto. La estigmatización educativa de las pollas y los coños. Los
armarios sin amantes indispuestos. Las mesas a las que nadie, nunca, se sentó a
follar. Los descampados que jamás se estrenaron. Las películas porno que no
llegaron a rodarse.
Y lo que es más triste aún,
bastante más:
Aquellos lugares (y cuando hablo de lugares, hablo
también de personas)
en los que nunca
habitó
el amor.
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